Y muchas otras cosas más, como por ejemplo suciedad, falta de infraestructuras, políticos pendientes del poder como un fin en sí mismo… Y paro de contar, que me alejo de la idea de hoy.
Siendo consciente de las carencias graves de todo tipo que tienen muchas zonas de Marbella, hoy quiero centrarme en Nueva Andalucía.
Sobre todo porque puedo hablar de los problemas de esta zona con conocimiento de causa, pues lo estoy viviendo en mis propias carnes.
Nueva Andalucía, delincuencia, vandalismo y suciedad.
Sólo en mi calle, nos han destrozado varias veces los coches. Y en pocos días llevamos tres robos en viviendas y una intentona, afortunadamente sin daños personales, pero me temo que tarde o temprano habrá algún caso de asalto con violencia.
El último robo fue a mi vecino, y la intentona, a un servidor. También se han roto los cristales de las marquesinas de las paradas del autobús, han proliferado las pintadas y la gente usa la calle como cubo de basura. Son sólo unos ejemplos, hay mucha más miga.
La sensación que hay es de que se trata de malhechores y gamberros que podrían ser nuestros vecinos (o residir al ladito) y que conocen cuándo entramos y salimos. Y lo peor de todo es que, vista la frecuencia y cercanía de los últimos sucesos, ellos saben que no tienen riesgo de ser pillados in fraganti.
Para terminar con este apartado, hace poco se hablaba de carteristas en Puerto Banús. Para que luego no quieran poner cámaras de vigilancia.
Antecedentes.
Hace ya tiempo del famoso “Marbella, una ciudad limpia y segura“. Pero era verdad. Recuerdo que por aquel entonces se rumoreaba que si la policía te pillaba en un renuncio se te caía el pelo, sobre todo a guantazos. Este extremo nunca me provocó pánico, ya que para que te cayesen palos tenías que haberlos merecido, y ese nunca ha sido mi caso. No cuesta mucho: no hagas lo que no te gustaría que te hicieran.
Algunas causas de la creciente inseguridad.
Pero mientras los ciudadanos de aquel entonces dormían plácidamente sin temor alguno, varios sujetos defensores pro-derechos del chorizo se levantaban cada mañana queriendo ajusticiar en los tribunales a los componentes de los Cuerpos de Seguridad del Estado, supuestamente por cumplir con su deber de forma excesiva y hasta violenta.
Si no recuerdo mal, alguno terminó enjuiciado. Pero tal vez fuera ese momento en el que se rubricó el principio del fin del bienestar y la seguridad que disfrutábamos en Marbella, unido todo esto al empobrecimiento de las arcas municipales por el dañino Caso Malaya.
Si no se me entiende, lo explico brevemente: con los (escasos) recursos policiales que disponemos, ¿cómo podemos pedirle a un policía que sea extraordinario en su trabajo si se atiende antes a los derechos del delincuente? ¿Cómo podemos esperar que un policía cause respeto y temor al delincuente, cuando el funcionario se piensa mucho el “ejemplarizarle” por miedo a acabar con suspensión de empleo y sueldo, o aún peor?
Otra causa de esta proliferación de delincuencia y vandalismo en Nueva Andalucía es la escasez de medios policiales: un solo coche patrulla para vigilar por la noche semejante extensión territorial.
En vez de quedarse el jet privado de Roca para uso y disfrute de los altos cargos policiales, podían haberlo subastado y con el dinero obtenido, Nueva Andalucía podría tener una comisaría que creo que le corresponde, por extensión de territorio y por volumen de residentes.
Soluciones utópicas.
Tal vez debiéramos hacer patrullas vecinales al más puro estilo americano, armados con palos y demás. O mejor no, porque conociendo dónde vivimos, podrían tomar represalias. Y si además da la casualidad que le das un palo merecidamente a alguien, serás tú quien tenga que responder ante un juez por qué has atentado contra los derechos de un noble chorizo.
Ahora entro en un terreno que desconozco. ¿Quién es el responsable de dotar a un municipio de mayores infraestructuras y dotaciones policiales?
Soluciones realistas.
Rezar para que la Junta de Andalucía o el Gobierno (o quien sea) apruebe una dotación extraordinaria que nutra a Marbella de la seguridad que necesita. Rezar para que la escoria que habita entre nosotros se canse y se vaya a otro lugar; esperanza egoísta y poco honrosa, pero acorde a esta época que nos ha tocado vivir.
O tal vez podamos hacer lo que nos corresponde como ciudadanos activos y reivindicar nuestros derechos, movilizándonos y ejerciendo la protesta. Recoger firmas, manifestarnos, llenar buzones de quejas, educar bien a nuestros hijos… En resumen, algo que valga la pena, en vez de huelgas generales por motivos ideológicos.
Veremos cuánto tiempo nos toca vivir con miedo y cuánto tiempo tarda alguien en poner fin a todo esto.